Uganda y Ruanda por libre (8): el Lake Bunyonyi y sus islas mágicas

Vista desde el Arcadia Cottages

Un formidable kingfisher (Martín pescador) que trae su captura del día y se la zampa frente a mí al borde de la canoa tras aturdirla durante unos minutos. Las barcas que se dirigen al mercado. Los niños que llegan remando desde la isla de enfrente para ir a la escuela, cargados con sus cuadernos con la foto de Messi (algo mojada por el viaje), sus mazorcas de maíz para matar el hambre en el colegio y una azada para el campo…

– “Oriretgi?” (How are you?) “Nitge” (I’m good ). En esta región del sudoeste de Uganda se habla el Kabale Language, el Kiga (o Rukiga) de los Bakiga, diferente del Luganda y el Rutooro de Fort Portal, claro. Vuelta a empezar… “Yebare munonga” (thank you very much)

Después de la intensa jornada del rastreo de gorilas por la espesa selva tropical, nada mejor que unos días de “chill out”. Y el Lake Bunyonyi, que serpentea desde hace unos 8.000 mil años a lo largo de 25 km (se formó a raíz de una erupción de lava), a unos 70 km al sur del bosque de Bwindi, ofrecía además la oportunidad de un buen chapuzón en sus aguas dulces libres de bilharzia.

Vista desde el Edirisa Lodge al Lake Bunyonyi

Desde el sencillo, encantador Edirisa Lodge (duchas y baños “eco” compartidos, etc.), pude abandonarme al dolce far niente en la hamaca del “treehouse lounge” o lanzarme a excursiones en canoa por las preciosas islas del lago. Situado en el extremo sur de la bahía que acoge al muelle de Rutinda, y pasados algunos hoteles y resorts más confortables pero quizás menos carismáticos, en el Edirisa dejé pasar la vida del lago frente a mí desde la orilla.

Luego, mientras te zambulles en el lago desde el pequeño muelle de madera, vuelven los niños para pescar un rato con una simple caña a la que atan un hilo y el cebo. El más pequeño escarba un poco en la tierra húmeda donde varan las canoas y consigue unos gusanos frescos para su pesca del día… Me sumo a ellos un rato y logramos unas pocas pequeñas piezas para su cena, que se llevan con una sonrisa en una botella de plástico con agua.

Y arrancan una sonrisa también al afortunado pájaro que llega un rato después para llevarse su lombriz fresca para la merienda entre el barro escarbado en la orilla. La vida no se detiene en el lago.

O sea, far niente pero no tanto…

Vista desde Arcadia Cottages

Vista espectacular

Para gozar de la más espectacular vista del lago Bunyonyi y sus cerca de 30 islas hay que subirse al Arcadia Cottages. Un panorama onírico digno del film Black Panther –rodado en parte en Uganda, país con el que algunos identifican el imaginario Wakanda del cómic–, al que decidí ascender en boda boda (moto taxi) y bajar luego a pie por un estrecho camino entre la vegetación que te lleva de vuelta a la orilla del lago en unos minutos, a la altura del Bunyonyi Safari Resort.

Desde el Arcadia, la visión de las islas con el cono de los volcanes al fondo invita a la contemplación. Es el lujo del que gozan sus trabajadores cuando, como aquel día en que lo visité, no tienen muchas suites que limpiar o clientes a los que servir. Hasta se sentó conmigo el chef y me dio conversación y algunas recomendaciones y contactos para Jinja.

En canoa entre las islas del lago

Acepté la invitación de Spridou, del Edirisa, y después de desayunar el primer día nos fuimos a descubrir islas cercanas remando con la canoa, hecha de un tronco vaciado. Hay un par de ellas a libre disposición de los huéspedes pero nada como un guía (que rema mucho mejor que yo) para este paseo de un par de horas (10.000 UGX) que me llevó hasta una donde habitan libremente zebras, waterbucks, impalas… (él creo que la llamó Rock Island pero debía ser Kyahugye Island…). Fue mágico llegar los dos solos a la orilla y avistar enseguida la cabeza de unas zebras y un waterbuck entre los arbustos, uau. Es fácil sentirse Robinson Crusoe.

Una zebra mira al recién llegado a su isla

Seguimos remando y me mostró otras islas como Bushara, Itambira (“Nature”), Akampene (la isla del castigo o Punishment Island)… En ésta se abandonaban a su suerte las chicas que habían cometido el pecado de “sexo premarital” según la ley Bakiga y se habían quedado embarazadas. Sólo podían ser “rescatadas”, dicen, por algún hombre que quisiera casarse con ellas (normalmente el que no tenía suficientes vacas como para pagar la dote de una mujer…). Terrible testimonio del pasado, del que da cuenta esta superviviente en una entrevista.

Otras islas toman su nombre de leyendas, como la Akubukuranuka (“del revés”): se cuenta que una mujer mayor llegó remando a la isla y los hombres que celebraban una fiesta con abundante cerveza rehusaron compartirla con ella. Resultó que era una bruja y cuando se fue de vuelta al mar lanzó un hechizo para poner patas arriba aquel pedazo de tierra, ahogar a todos los fiesteros y volverla a poner en su sitio…

La isla más grande es Bwama, donde el doctor británico Leonard Sharp estableció una leprosería que operó hasta 1969. En la de enfrente del Edirisa, Nature’s Prime Island, hay una “zip line” (tirolina) como atracción para los visitantes. Otras tienen Eco-lodges para quedarse a dormir y alejarse del mundanal ruido por algunos días.

Unos niños llegan en canoa de la isla de enfrente para ir a la escuela

 

Explorar la zona

Hay muchas otras cosas por descubrir, y desde el Edirisa se ofrecen salidas que van desde las pocas horas hasta los 3 días y que incluyen treks, acampada, interacción con la cultura local, visita a los pigmeos Batwa (que están también en Bwindi)…

El responsable del Edirisa es Miha, un simpático esloveno al que no llegué a conocer en persona (hablamos por teléfono) porque aquellos días su mujer iba de parto. Sí que estaban el encargado, King, y en la cocina y lo que haga falta, Enok. Es tradicional darte un pequeño “tour” a tu llegada, en el que muestran cómo funcionan los eco-toilets (le echan ceniza después) y las duchas en las que se calienta el agua, previa petición, con fuego de leña. Hay un pequeño muelle de forma cuadrada para formar una pequeña piscina natural para los más pequeños. Me contó King que fue construido por unos voluntarios esolvenos, mientras que la bucólica y emblemática terraza de madera en el árbol sobre el agua (tree house) es obra de unos israelíes.

Por cierto, en toda la zona han tenido que trabajar duro los últimos meses, me cuentan, para reparar los estragos causados por las fuertes lluvias de los meses anteriores, las peores que han visto por aquí en años, quizás décadas…

Además de rutas en mountain bike, canoa o kayak por este lago libre de cocodrilos e hipopótamos, el Bunyonyi es un lugar muy atractivo para ornitólogos: su nombre significa literalmente “lugar de muchos pájaros pequeños”. Se han catalogado unas 200 especies de aves aquí.

Un Pied Kingfisher (Martín pescador pío) con su presa

En el agua se pescan sobretodo cray fish (cangrejos de río) –la especialidad del lago, que con suerte pueden preparar en el Edirisa- mud fish (una especie de pez pulmonado africano) y la mirror carp (carpa de espejos). Su depredador en esta zona es la nutria (otter).

Me hubiera quedado con placer unos cuantos días más de los 3 reservados en el lago para explorarlo más a fondo pero… me esperaba Kigali al otro lado de la frontera. Tenía un vuelo pagado desde la capital ruandesa de vuelta a Entebbe y aún quería ver algunas cosas por allí, así que tuve que despedirme de mi terracita de Robinson Crusoe hasta otra ocasión.

Escogí esta opción de ampliar a ruta a Ruanda, por otra parte, para ahorrarme el largo y cansado camino de vuelta a Kampala por carretera. De la vecina Kabale (donde me fui a tomar unas cervezas una noche con Enok) hasta Kigali sería, en cambio, un paseo agradable por carretera entre verdes campos de té.

P.S. La ruta de llegada y salida deBwindi Impenetrable Forest hacia el Lake Bunyonyi es ESPECTACULAR, con vistas interminables a las verdes colinas y sus campos de cultivo desde la zigzageante carretera de tierra. Sólo por ello vale la pena acercarse por aquí. Lo recuerdo como el paisaje más atractivo que vi en Uganda

P.S. 2 Me cuentan que el BirdNest Resort, a orillas del Lake Bunyonyi, fue en su día lugar de vacaciones del sanguinario Idi Amín Dada. Pero en la web del hotel explican una historia más bien dramática sobre las peripecias de este edificio levantado 40 años atrás por Francis (Frank) Kalemera Kalimuzo, que fue Secretario Permanente de la Oficina del Primer Ministro tras la independencia de Uganda, en 1962… Me acerqué una tarde a este precioso hotel para disfrutar del atardecer en el lago.

Datos útiles:

 

 

 

 

 

 

 

 

Edirisa Lodge: Habitación individual 24 $ USD por noche con desayuno. Lavabos y ducha “eco” exteriores compartidos. Si se acaba el agua del depósito hay que avisar para que lo rellenen. Y para tener agua caliente hay que encender el fuego antes 🙂 Estupendas vistas del lago, área para bañarse (con zona segura para niños), hamacas, treehouse para sentirse Robinson Crusoe, canoas a remo para los huéspedes… Se ofrecen excursiones interesantes por la zona. Personal muy amable, aunque no hay que esperar nada de lujo ¡Aquí el lujo es el espacio y la tranquilidad! Preparan comidas pero… hay que encargarlas con tiempo (recomiendo algún guiso de cry fish). Si no, vuelves por la noche y comes lo que hay, que a veces puede ser…solo patatas (me pasó a mí). Fantástico desayunar un pancake desde la terraza. Posibilidad de acampar en el jardín a 6$ por persona con tienda de Edirisa (4$ con tienda propia). Recomiendo reserva con antelación. Contacto: +256 776558123 (Miha) info@edirisa.org (NOTA: los alojamientos sugeridos en este blog nunca están promocionados y se basan en la experiencia y gusto del autor)

Información: La guía de bolsillo Gorilla Highlands (también de forma interactiva en la web) impulsada por Miha del Edirisa busca promover el turismo cultural en esta zona entre Uganda, Ruanda y RD Congo más allá de los gorilas de montaña. Muchos alicientes para alargar la visita varios días, con datos sobre ciudades, rutas, fauna, vocabulario básico en las lenguas locales (Rukiga/Kinyarwanda/Inglés)… Para irse con ganas de volver

 

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2018

 

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Acerca de Carles Cascón

Periodista y fotógrafo de Sabadell (Barcelona)
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