Uganda y Ruanda por libre (11): De copas (de leche) por Kigali

Milk Bar en Kimisagara

Si llevas un día en Kigali, eres blanco y ya te crees en la misión de escribir un libro sobre Ruanda… es normal, pasa a veces con países cargados de historias. Pero relájate, porque al segundo día ya habrá decaído tu ímpetu y optarás sabiamente por retos más asumibles (y aconsejables) como lanzarte a explorar, y a vivir, los rincones de esta sorprendente urbe.

Milk Bars, los bares de leche

Primera sugerencia: nos vamos de copas de… leche. ¿Leche? Sí, en los Milk Bars, como su nombre indica sin rodeos, sólo sirven leche. Todo el día, sin parar. No en copas, pero sí en vasos o, mejor dicho, en jarras con asas. Sólo se encuentran en Ruanda y son todo un fenómeno en Kigali, en parte porque en la capital las familias no suelen tener una vaca propia a mano, como es común en las zonas rurales.

Mi primera visita a un Milk Bar no tiene pérdida. En la fachada del Kuruhimbi, en el popular barrio de Kimisagara, una gran vaca pintada por un artista local, como es costumbre en estos negocios familiares. En muchas de ellas se escribe Amata Meza, que en Kinyarwanda significa “leche fresca”.

Leche con buñuelos en un Milk Bar

Una vez franqueada la puerta blanca, con su cortina blanca, desde la calle de tierra sin asfaltar, en la sombra ventilada del interior del local se encuentran unas sencillas mesas con sillas de plástico y un pequeño mostrador. De un gran contenedor de acero se llenan las botellas/bidones con los que servirán los vasos a los clientes, que aprovechan para charlar o compartir los útimos chismorreos del barrio mientra comparten mesa.

La deliciosa leche ruandesa acostumbra a ir acompañada de un tentempié. Aquel día fueron unos buñuelos dulces (los populares mandazi de la toda la costa oriental) pero pueden ser también samosas, huevos duros, muffins, chapati…

Pequeños o mayores, cada uno tiene su leche favorita, la fresca (Ishyushyu) o la fermentada (Ikivuguto), que con su sabor ligeramente agrio recuerda a un yogurt o un kefir y no hace falta añadirle azúcar. ¡Me encantó la segunda! Mientras repites, algo casi inevitable, saboreas no sólo el nutritivo líquido blanco sino también el ritual de llenar los vasos y las conversaciones sin prisas a contraluz.

Kuruhimbi Milk Bar

Te cuentan, por ejemplo, el valor casi sagrado de la vaca en la cultura ruandesa. Con sus enormes e icónicos cuernos, es el pilar de cualquier casa, o debería. “¡Al menos una vaca por familia!”, promueve el Gobierno. El bóvido ruandés es también un bien de intercambio en el ritual de una boda. Que la vaca es especial lo refleja el lenguaje popular, que la asocia a menudo con la belleza o la bondad. “Tienes los ojos bonitos y dulces de una vaca” (“ufite amaso y’inyana”), te pueden soltar como piropo. O “ugenda nk’inyana” (caminas con la gracia de una vaca)… Curioso.

Este popular lugar de encuentro, el Milk Bar, es único en toda África Oriental. En Kigali, aparte de Kimisagara, también se reparten por los barrios de Nyamirambo, Kinamba o Kimironko. Abren hasta las diez de la noche en su mayoría, así que hay quien opta por venir a por su dosis de calcio y proteínas a media mañana, a primera hora de la tarde… o antes de ir a la cama. Por supuesto, también tienen leche para llevar.

En el mercado con bolsas de papel

Las bolsas de papel sustituyen a las de plástico en el mercado

Siguiente parada, los barrios y sus mercados. Mi primer “boda boda ride” al Kimironko Market arranca con un malentendido: el motorista me para enfrente de un… supermercado. “I said market, not supermarket”. Vale… Quizás no es muy normal ver a un blanco en moto-taxi para ir al mercado. ¿O es un síntoma de los cambios?

Una vez allí, haciendo acopio de mangos y maracuyás, compruebo por fin lo que ya sabíamos: ni una bolsa de plástico. Las sustituyen con bolsas de papel. Es raro estar en un mercado africano y no ver por los suelos las omnipresentes bolsas negras, esas pequeñas y frágiles, de plástico tan fino que se rompen a la mínima de cambio y acaban acumulandose por el suelo y las cunetas, arrastradas por el polvo y los matorrales, a veces antes incluso de llegar a su destino. Es decir, bolsas de un solo uso que a veces se quedan en… medio uso.

Ruanda las prohibió en 2006 (luego le siguió Kenya, que las prohibió en 2017, aunque con éxito más relativo) y no sólo para mejorar la imagen de sus calles. La acumulación de plástico en la tierra tenía graves consecuencias medioambientales, según demostró un estudio: impedía la irrigación correcta de los cultivos. Y peor aún: una investigación probó que en un proporción alarmante de animales sacrificados para el consumo (3 de cada 10, según algunas cifras) tenían plástico acumulado en los intenstinos.

Con bolsa de papel, una imagen poco habitual en África hasta hace poco

En Kenya la prohibición quería acabar también con una costumbre, más bien fea, arraigada en los barrios de chabolas, los “flying toilets”. ¿Adivinan de qué se trata? Pues un invento local para suplir la falta de servicios: meten las deposiciones en una bolsa y las lanzan sobre los tejados o a un descampado…

Mientras las vecinas Burundi y Tanzania estudian medidas prohibicionista similares, hay que decir que no todo el mundo está a favor de eliminar de forma tan drástica las bolsas de plástico. Entre los críticos están algunos comerciantes que alegan que sus productos frescos no aguantan en el papel, que acaba por empaparse o romperse. Es comprensible.

También lo es que haya espabilados que intenten saltarse las normas, por ejemplo arriesgándose a importar de contrabando bolsas que circulan por el mercado negro. Muchas entran por la frontera congolesa, en Giseny, pese a la pena de seis meses de prisión y multas a las que se enfrentan. O el cierre del comercio o el supermercado en los que se han descubierto gran cantidad de bolsas, por ejemplo.

La parte positiva, y ejemplar, es que Ruanda presume de limpia y demuestra que -más o menos- se puede sobrevivir sin las “plastic bags” y otros residuos que llenan calles, ríos y playas en muchos países africanos.

Nyamirambo, el barrio musulmán y… “Las Vegas de Kigali”

Uguali (posho) de sorgo y mandioca con salsa de pescado en el Tamu Tamu Restaurant

Tampoco se lleven a engaño. El lujoso Kigali Marriot Hotel y las ordenadas avenidas y rotondas del downtown pueden dar una imagen equivocada de la capital. Y si coinciden, como me pasó a mí, con un “Free Car Day”, con muchas calles bloqueadas y el tráfico reducido a algo testimonial, más aún.

El animado barrio de Nyamirambo es la puerta a otra realidad. La mayor concentración de población musulmana de la capital reside aquí, con sus pequeños comercios y viviendas populares. Paradójicamente, se le conoce también como “Las Vegas de Kigali”, por sus nighclubs. Me pierdo un poco por las soleadas callejuelas hasta acabar un mediodía en el Tamu Tamu, un restaurante popular en el que puedes probar todas la delicias de la cocina ruandesa por un módico precio y en un ambiente cien por cien local.

Me zampé aquí con gusto un ugali (posho) un poco diferente del keniano y el ugandés: en vez de harina de maíz, un mix de casava (mandioca) y sorgo, con un color más oscuro, como de cacahuete. Con salsa de pescado (en un pequeño bol aparte, y lo vas mezclando) y unas black beans (frijoles) estaba muy bueno para devorar con la mano, y por sólo 3.500 RWF (unos 3,5 euros). Otro plato recomendado en el barrio es el pescado fresco a la brasa, como la tilapia, a degustar en sitios como el Green Corner o el Ten to Two Panorama, por ejemplo.

Kimisagara Market

Y para llenar la mochila de frutas frescas, una buena opción cercana es el mercado de Kimisagara, donde se puede aprovechar para visitar el famoso Mural walk (unos grandes grafitis murales) y subirse después al Mount Kigali Viewpoint pasando por la Gaddafi’s Mosque. En esta gran mezquita (oficialmente Islamic Cultural Center) se encuentra una clínica y la mejor escuela de Kigali, me dicen, y abierta a musulmanes y cristianos por igual. En el genocidio de 1994 jugó un papel clave, ya que sirvió de refugio y salvó decenas de vidas en mitad de las matanzas.

Para hacer un recorrido ágil e ilustrativo por éste y otros lugares emblemáticos de la capital ruandesa en un sólo día (o medio), recomiendo el “city tour” que ofrece en minibus y grupos reducidos GoKigali. Salen desde el Marriott y el punto de encuentro es la coqueta boutique que la agencia tiene allí.

Inema Arts Center

Acabé rodeado de los vibrantes colores del Inema Arts Center, una galería emergente de arte contemporáneo africano fundada por los hermanos Emmanuel Nkuranga y Innocent Nkurunziza, además de punto de encuentro y de actividades culturales diversas. Aparte de exhibir periódicamente el trabajo de una quincena de artistas ruandeses, leí que los jueves se llena de gente pero a mí me pilló en sábado y, aunque en internet se anunciaba una “drums night” o algo parecido, aquél día se había anulado. Next time.

Datos útiles:

GoKigali Tours: Tel. +250 (0)788 316 607. Fundada en 2016 en la capital ruandesa tres el èxito de Go Addis en Etiopía desde 2013. Ofrecen tours de un día/medio día con un guía local por la ciudad en minibus (salidas desde el Kigali Marriott Hotel). Puntos de interés: Kivoyu (el barrio más antiguo de la ciudad), Mount Kigali Viewpoint, Kimisagara Market y su Mural Walk, Gaddafi’s Mosque, barrio Nyamirambo, comida en un restaurante tradicional, un café local, paseo en “water taxi” y final del tour con la visita al Memorial del Genocidio. Si ya se ha visto éste por cuenta propia, o se hará otro día, una sugerencia es hacer sólo el tour de medio día y dedicar la tarde a perderse por los barrios y mercados.

Mercados: Kimisagara, Kimironko, Nyabugogo… y artesanía en Cootrac (Cooperative for Trade and Promotion of Rwandan Arts, Crafts & Culture), la cooperativa Caplaki o la Azizi Life Boutique

Arte contemporáneo ruandés y eventos culturales (música, danza): Inema Arts Center, KG 563 +250 783 187 646

Restaurantes: buena comida local en el Tamu Tamu, el Green Corner y el Ten to Two Panorama (Nyamirambo). Elegante terraza y carta exquisita de fusión (con buenas opciones vegetarianas) en el Heaven Boutique Hotel, más caro pero una delicia para los sentidos.

Para no perderse nada de Ruanda y en especial de Kigali: la web The Culture Trip (en inglés) hace lista exhaustiva de atracciones, cultura, costumbres, consejos e ideas de visitas más allá de lo previsible.

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2018

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