Regreso a Lamu, la esencia swahili de Kenya

Dhows tradicionales navegando por las tranquilas aguas del Índico. Cultura swahili. Decenas de burros y un solo coche. Mujeres musulmanas con buibuis negros serpenteando o charlando por calles estrechas sin alcantarillado y salpicadas de excrementos. La llamada del muecín (y de los asnos) sobre el manto de tejados de makuti… Es la postal inmutable, sí, pero…

– ¿Ha cambiado mucho Lamu?

– Ya me lo dirás tu…

Así me emplazaba Urko, un viejo conocido del archipiélago keniano, a volver a la isla que me cautivó por primera vez en marzo de 2001, hace más de 18 años. El arquitecto madrileño conoce todos los secretos, o casi, de este pedazo de tierra swahili en el norte de la costa de Kenya, uno de les enclaves más antiguos de la costa del Índico, ya que se instaló aquí hace un montón de años y hasta formó una familia. Pero…

Sucede a menudo que, cuanto más conoces -y amas- un lugar, más difícil resulta escribir sobre él.

Volví a Lamu hace unos largos meses. Esta vez en familia. Había estado también en marzo de 2003 y, con mi mujer, en 2016. Pero…, ¿qué le contestaría sobre mi cuarta visita ahora a Urko, al que encontré en Lamu 18 años atrás? ¿En qué ha cambiado la vieja, resiliente y orgullosa Lamu, la isla swahili robacorazones?

Mmmm. Vamos a por lo más palpable…

Pescadores en Shela

Navegar en barco de vela tradicional: la irrupción de los Mozambican dhows

Lo primero que llama la atención, para lo bueno y para la malo, es que los dhows que reinan ahora en las aguas de Lamu son los “Mozambican dhows”, como les llaman. Los de estilo mozambiqueño. Más amplios, confortables, rápidos, bonitos y… rentables. Se construyen en madera de mahogany (caoba, en swahili “bambakofi”) -a diferencia del manglar usado en el dhow tradicional- y están equipados con colchones y cojines en proa y en los bancos para sentarse, un toldo para el sol, otro impermeable para proteger a pasajeros y enseres rápidamente en caso de lluvia… Una delicia, vamos, sin abandonar el estilo de navegación clásico de las embarcaciones del Índico, con su vela latina triangular.

Las llevan capitanes (y grumetes) más jóvenes que los ya veteranos pescadores que siguen al frente de los últimos “traditional dhows”, menos glamurosos, bastante más viejos, y algunos casi pidiendo a gritos una reforma urgente de cubierta y vela… Pero en Lamu los tiempos siempre son duros para hacer inversiones.

Adam y su tripulación al frente del Monangu Dhow

Los “Mozambican dhows” se han multiplicado y son muy solicitados entre los visitantes para hacer salidas de un día por el archipiélago, así como las populares “sunset cruise” de 5 a 7 de la tarde: por menos dinero (5.000-6.000 Ksh/50-60 euros) te adentran en el canal entre manglares para volver a puerto contemplando la puesta de sol en el horizonte hacia el Old Town. Mmmm, imbatible.

Una salida de un día en un Mozambican dhow, comida incluida, sale por unos 15.000 Ksh por barco, unos 150 euros (!). No es de extrañar, por ello, que se sumen 10, 15 y hasta 25 personas en una embarcación de éstas para resultar más asequible el pasaje. La diversión está asegurada y también el pescado fresco a la barbacoa con arroz de coco (coconut rice, wali wa nazi en swahili), frutas, chapati, ensalada, etc. Súmale un poco de pesca con hilo, un alto en una isla de ensueño como Manda Toto, un poco de snorkelling en el arrecife, un baño de sol en un banco de arena… y pocos inconvenientes se encontrarán para que resulte una salida memorable. ¿Hace falta añadir que la tripulación te obsequiará con alguna canción participativa a ritmo de un tambor o un simple bidón de plástico amarillo?

Preparando el coconut rice (wali wa nazi)
Preparando el coconut rice

Mi única objeción es que prefiero navegar en dhow con poca gente y más bien en silencio, cortado éste sólo por las olas y el flambear de la vela mil veces remendada, las breves órdenes del capitán a sus marineros o las conversaciones calmadas que suelen hilvanarse cuando sopla bien el viento y sólo hay que poner rumbo fijo. El espacio es un lujo… que se paga.

Salir en los dhows tradicionales sale más económico, pero éstos no se quedan muy atrás. Unos 11.000 Ksh (alrededor de 110 euros la salida, a veces menos). Para una familia de cuatro, pues, más de 25 euros per cabeza.

Vale la pena probar de navegar con los dos, ya que cada uno tiene su atractivo o gracia y, al final, también son gustos.

Sunset cruise

¿En qué ha cambiado esto Lamu? Repaso mis notas de viaje de 2001 y leo que pagaba por una salida de un día en un dhow tradicional unos 2.500 Ksh, que al cambio eran entonces unas 6.000 pesetas (unos 36 euros). Eso explica que me pemitiese salidas con un capitán y uno o dos jóvenes grumetes incluso para mí sólo, aunque no era difícil econtrar a alguien para compartir la excursión en petit comité…

En mi última visita, esta vez con la familia (agosto de 2018), navegamos tanto en dhow tradicional como en Mozambican dhow las ocasiones que pudimos. En el primer caso salimos un día con el barco “Sulisuli” de captain Shariff (Mohamed) y en el segundo con el precioso Monangu Dhow de captain Adam y su fantástica tripulación, donde te inmortalizan para Instagram desde lo alto del mástil evocando la vista de un dron. Nuevos tiempos, más emociones. Fue, inevitablemente, el principio de una gran amistad.

De pesca con captain Sheriff y su dhow Sulisuli

En el Sulisuli nos llovió y nos mojamos un poco: su plástico de emergencia era un poco chapucero… Pero a mí me sigue gustando el tacto y el olor de la vieja madera de manglar crujiendo bajo mis pies; debo de ser un nostálgico… Las conversaciones con los mayores también son diferentes. No les hables a los jóvenes piratas de viejos proverbios en Kiswahili Kisanifu, el venerado swahili de Zanzibar, ay… Les queda un poco lejos esa sabiduría de los viejos lobos de mar. Saben navegar pero han vivido menos kazkazi (el viento del norte que sopla entre diciembre y febrero) que sus antecesores y se nota.

En ese momento, por cierto, hace año y medio, se había prohibido el uso de la madera de manglar para la construcción de barcos, por su sobreexplotación (aunque en Matondoni vimos como seguían construyendo en astilleros disimulados bajo telas y de noche). Me cuentan recientemente desde Lamu que se ha levantado el veto. Bien.

En dos décadas y a lo largo de cuatro visitas, la vida de las personas que he conocido en Lamu, y con las que establecí lazos de amistad o complicidad, lógicamente ha dado algunas vueltas. Pero el reencuentro con mi apreciado capitán Shee es todo un síntoma. Su dhow tradicional, el Zeitun, en el que navegué en varias ocasiones y en el que compartimos memorables charlas, se rompió. El capitán se quedó sin nave… Ahora pilota de vez en cuando el pequeño barco a motor Hassanat, pero no es suyo. Y ya no vive en Old Town, se mudó con su familia a la nueva zona de Wiyoni II, al norte de la ciudad. Me entristeció la noticia, aunque Shee lo llevara con la cabeza alta.

Llegaron las moto-taxis

Pues sí, han llegado las motos (piki piki, moto taxis, boda bodas…) a Lamu. Ha pasado a la Historia lo de “sólo hay burros, el coche de la policía y ninguna carretera”. Ahora he visto algún vehículo más y… unas cuantas motos. Demasiadas.

Éstas cubren básicamente el trayecto de Lamu Town al pueblo vecino de Shela y viceversa, camino que se hace a pie (entre 30 y 40 minutos) en marea baja o en pequeños barcos a motor que aún te llevan entre estos dos puertos por unos 100 o 200 Ksh (si eres el único pasajero y tienes prisa te pueden pedir los 400 Ksh (4 euros) del breve trayecto.

Y los barcos se quejan. Les ha salido competencia. Más rápida y barata. Lo peor, para mí, es que las motos van con prisa por donde la gente antes sólo andaba o iba en burro, trayendo con ellas ruido… y peligro. Sobretodo si tienen la desvergüenza de adentrarse por las callejuelas de la Old Town a cierta velocidad. ¡Adiós a la tranquilidad de Lamu!, se lamentan muchos. Hasta ahora debías ceder el paso a tercas pundas (burros, en swahili) sin freno de mano aparente… y ahora hay que tener cuidado también con las motos en alguna esquina.

Ruinas, vertederos, dejadez

En 2001 la UNESCO declaró el Lamu Old Town Patrimonio de la Humanidad y ello comporta un plan adecuado de conservación. Su valor consiste en ser el asentamiento más antiguo y mejor preservado de la la cultura swahili en el África del Este, conservando sus funciones tradicionales. ¡Ha sido habitada interrumpidamente durante 700 años! La arquitectura y sus calles estrechas reflejan esta historia de encuentro de las cultura bantú, árabe, persa, india o europea. Centro de estudio de la cultura islámica y swahili, Lamu es también, desde el siglo XIX, anfitriona de importantes festivales musulmanes (como el anual Maulidi).

Percepción subjetiva mía pero… He visto más decadencia en casas de la ciudad vieja e incluso en grandes edificios del frente marítimo, en teoría protegidos, y también más solares abandonados que acaban convertidos en vertederos. La encargada de la Jannat House, donde nos alojábamos, se llevaba las manos a la cabeza. Tanto es así que ella misma, sola o movilizando a más paisanos, de vez en cuando coge una bolsa grande y recoge los desperdicios de la esquina donde tiempo atrás se erigía una vieja casa que ya pasó a mejor vida. O una simple botella de plástico o un objeto inservible que la gente deja tirado simplemente en la calle.

Rahan, el ganador de la carrera de dhows en Shela

Nuevos retos y amenazas: la planta de carbón (paralizada)

Nada más llegar, camisetas y carteles se hacían eco del peligro: “Coal ni sumu” (el carbón es veneno). Y una campaña con lema meridiano: “deCOALnize” (@deCOALonize en Twitter). Organizaciones ecologistas y la mayor parte de la población de Lamu se han movilizado en contra del proyecto gubernamental de construir en el archipiélago una central eléctrica de carbón. Las consecuencias de este polémico proyecto podían ser nefastas para el medio ambiente y la vida tradicional en las islas.

Si en 2001 el capitán Shee me aseguraba que el estilo de vida swahili era “imposible” de cambiar en Lamu, en 2018 temía abiertamente que “en 2030 la vida en Lamu habrá cambiado por completo”. Mientras, me suelta otra queja: cuatro grandes barcos chinos ya campan a sus anchas por estas aguas, molestando a los pequeños pescadores y dañando a veces sus redes sin dase cuenta. “They bother a lot” (molestan mucho), concluye.

Respecto a la controvertida “coal plant”, por suerte, y gracias a las protestas e impugnaciones de la sociedad civil, unos meses más tarde, en junio de 2019, el proyecto fue paralizado. “La Agencia Nacional de Gestión Ambiental (NEMA) realizó su evaluación sin tener en cuenta la ley medioambiental del país o una ubicación alternativa para la central”, dictaminó el National Environment Tribunal (NET) en Nairobi. Salvados, al menos de momento. La National Environmental Management Authority (NEMA) y AMU Power fueron acusados también de nula participación pública (los propios habitantes) en el proyecto, tal como establece la ley.

Los detractores argumentan que no sólo la central de carbón es un peligro por su alta contaminación (sobretodo por aire, pero también con riesgo para las aguas) sino que ya existen otras fuentes de energía “limpia” en Kenia (como el campo eólico de Turkana o la central geotérmica de Naivasha), y que ése es el camino. De momento, una primera “victoria” para el movimiento ecologista y la población de Lamu, que tal vez se enfrentaba a su mayor amenaza en siete siglos, aunque el gobierno tildó a los ecologistas (entre ellos las asociaciones Save Lamu, Lamu Youth Alliance y Lamu Marine Forum) de enemigos del progreso.

Update: parece se que el gobierno (enero de 2020) no ha ha abandonado sino que sigue empecinado en el proyecto, presupuestado en 2 billones de Ksh. Veremos.

Éste va inevitablemente ligado a otro, el del famoso puerto nuevo para Lamu para recibir grandes buques en aguas profundas en la bahía de Manda. Encargado a la empresa china CCCC (China Communications Construction Company), está integrado al nuevo proyecto de corredor LAPSSET que uniría la costa norte de Kenya con Etiopía, Sudán del Sur y al oeste con Camerún (Duala) vía Bangui. Con nuevos oleoductos y gasoductos.

Todo eso si la inestabilidad política no lo impide. Aunque siempre se tapa rápidamente para que no cunda el pánico en medios internacionales, de vez cuando Al Sahabab ataca posiciones kenianas en protesta por la actuación del gobierno junto a EEUU en el sur de Somalia contra las bases de esta rama terrorista de Al Qaeda en África Oriental. El último, por cierto, fue la víspera de Reyes en la base naval ameriana de Manda Bay…

Turismo “chic” en Shela

Pero volvamos a los cambios más mundanos que se aprecian en Lamu, mientras tanto. Shela, a poco más de 3 quilómetros al sur de Lamu Town, siempre ha sido el lugar preferido por el turismo más “chic”, el de los famosos, o simplemente de los que buscan tranquilidad, su playa de dunas salvaje y… las casas reformadas con encanto (y piscina).

Forodhani House, Shela
Forodhani House, Shela

Sigue siendo así décadas después, pero con clara tendencia a la gentrificación más descarada. Los precios de alquileres y tiendas suben hasta niveles… sonrojantes. Es el caso de una pequeña tienda de ropa y complementos, la surafricana Amani, que exhibía un sencillo modelito con telas africanas por… 24.000 Ksh (unos 220 euros) u otro por 40.000 Ksh (440 €). Uhm.. O también me sorprendieron, por altos, los precios de la carta del restaurante de Diamond Beach, justo al otro lado de la Bahía… En fin, burbujas para cierto tipo de turista. Recuerdo cuando aún permitían a los dhows anclar en la playa de Manda y hacer allí su barbacoa… Otros tiempos.

Shela. Terraza del restaurante local Sea SUQ

En la parte positiva, tuvimos el placer de descubrir restaurantes nuevos y muy agradables como el Sea SUQ, regentado por una amable familia de kenianos, con platos locales (currys, chapatis, samosas…) a muy buena relación calidad-precio y vistas al mar y la vida de los pescadores de Lamu que desfila antre tus ojos… Como siempre, contrastes a los que nos tiene acostumbrados África…

De vuelta a Lamu Town, pues lógicamente también lugares que cierran y otros que abren. El precioso y familiar Stone House Hotel, en el que nos alojamos 12 años atrás, sucumbió a la grave crisis del turismo post-atentados de Mpeketoni y acabó cerrando. Una pena. Acabamos, así, en la Jannat House, con un precio muy económico. Sus áreas comunes, con terracitas en las que por la noche sopla una brisa benefactora, y la pequeña piscina, son el principal encanto de un gran edicificio que pide a gritos una mano de pintura: cada mañana (y noche) restos blancos del techo acaban sobre nuestra ropa o equipaje. La propietaria, europea, lo sabe de primera mano, pero en su país tendrá otras prioridades ahora mismo para invertir. Ay, tan bella y tan decadente nuestra querida Lamu bajo su característico manto de tejados de makuti.

Cenas entrañables en el Umalila

Hablando de nuevos descubrimientos, citaré la que se convirtió en seguida en nuestra terraza favorita para cenar en el paseo marítimo: el Umalila. En este pequeño restaurante regentado por Ali y su equipo local no sólo saboreamos ricos platos caseros de cocina swahili a muy buen precio, irrisorio diría yo, sino que disfrutamos de la vida del pueblo con sus pequeñas historias, sus personajes, sus misterios…

Te tratan como de la familia. Un placer llegar y acercarse a las cazuelas para levantar la tapa y escoger entre los 3 o 4 platos del día. Ali te enseña un par de capturas frescas que le han llegado, y, por un poco más, te cocina estos pescados con aromáticas especias a la barbacoa. ¿Aaaaah, qué mas se puede pedir? ¡Si hasta Nadiha te trae el pan horneado del día! ¿Un avocado milkshake para completar?…

Boom de españoles en verano

Es una curiosidad que me llamó la atención. Siempre ha habido españoles viviendo en Lamu. Urko, Mama Carmen (ya fallecida, nos hicimos amigos en 2001, eso daría para una larga historia…), Rafa “Arafat” con su orfanato de Anidan… Pero lo de encontrar en pleno agosto a tantos españoles de vacaciones aquí tiene una explicación: gran parte de ellos viene un mes o dos a colaborar con alguna ONG, ya sea la citada Anidan o otra llamada Afrikable, que se centra en “empoderar mujeres” y que tiene tienda en la calle principal con artesanía para financiar su proyectos. El boom de “vacacioneros solidarios” o simples amigos de visita es notorio.

Umalila restaurant, Lamu Town

O sea que… ¡más vale no llegar tarde al Umalila o te quedas sin mesa! Ja, ja, bueno, es broma… Y es que aquí las buenas noticias corren más rápido que las piernas. O como dice un proverbio swahili, “lo que es bueno no necesita publicidad, y lo que es malo…todo el mundo lo conoce”.

Karibuni Lamu. Bienvenidos a Lamu.

Fuente: savelamu.org

Datos útiles:

Cómo llegar. El Archipiélago de Lamu se encuentra en el norte de la costa de Kenya, cerca de Somalia. Se puede llegar por la carretera del litoral desde Mombasa o Malindi pero se recomienda, por seguridad, volar allí en un pequeño avión regional desde Nairobi o las ciudades anteriores. Compañías como Air Kenya, Fly 540, Skyward Express o Safari Link o aterrizan en el pequeño aeropuerto en la isla de Manda y desde allí se llega en un momento a la Old Town cruzando el canal en pequeños barcos a motor.

Festivales y eventos de interés: Lamu Cultural Festival, el Maulid, el Lamu Yoga Festival (Shela), carreras de dhows

Lugares de interés para vistar en dhow: Manda Toto, Manda, Paté, Takwa Ruins, Kipungani, Matondoni, Kiwayuu

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2020 (*excepto las citadas)

Gracias por compartir los posts con enlaces o citando al autor. Thanks for sharing this blog by using links!

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Acerca de Carles Cascón

Periodista y fotógrafo de Sabadell (Barcelona)
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