Uganda y Ruanda por libre (11): De copas (de leche) por Kigali

Milk Bar en Kimisagara

Kigali, capital de Ruanda. África oriental. La “Tierra de las Mil Colinas”. Primer día en la ciudad y nos vamos de copas de… leche. ¿Leche? Sí, hablamos de los Milk Bars, una insólita parada en la ruta cultural (y gastronòmica) por Ruanda. Y una atracción que no hay que perderse. Patrimonio nacional y punto de encuentro del barrio.

Como su nombre indica sin rodeos, en un Milk Bar sólo sirven leche. Todo el día, sin parar. No en copas, pero sí en vasos o, mejor dicho, en unas jarras con asas. Los bares de leche sólo se encuentran en Ruanda y son todo un fenómeno en Kigali, erigida como el templo de los Milk Bars. Existen más de medio centenar en la capital y casi cada población tiene al menos uno.

El Kuruhimbi, en el popular barrio de Kimisagara, es de los últimos bares tradicionales de leche que quedan. Muchos de estos sitios están siendo reemplazados por la cadena gubernamental Inyange Milk Zone, franquicias que además del preciado líquido blanco dispensan tambien zumos de frutas y otros productos lácteos como mantequilla.

El Kuruhimbi, toda una institución

La experiencia en el Kuruhimbi, aunque austera, es otra cosa. Se encuentra junto a una calle secundaria sin asfaltar y, aunque ahora sale en Google Maps, no encontraréis su número de teléfono, ni web, ni horarios, ni reseñas… Mejor ir de la mano de un ruandés o llegar en boda-boda (las populares mototaxis), asegurándonos antes de que el conductor conoce el camino. Una gran vaca y tres chozas tradicionales pintadas en la fachada por un artista local, sobre su gran puerta blanca, nos confirma que estamos en el lugar correcto.

Kuruhimbi Milk Bar

Es tradicional en estos negocios familiares encargar la decoración exterior a un pintor especializado, que la personaliza al gusto. Ello las convierte aún más en auténticas reliquias del pasado tradicional ruandés. En muchas de ellas se escribe “Amata Meza”, que en kinyarwanda significa “leche fresca”. A parte de esta lengua, se hablan el francés, el inglés y el suajili en este país densamente poblado (12 millones de almas en 26.338​ km², más de un millón de ellas en Kigali) y que ha pisado el acelerador de la modernización a fondo hasta convertirlo, a día de hoy, en uno de los más limpios y seguros del continente. Todo un reto tras el genocidio de 1994 que dejó alrededor de un millón de cadáveres.

Una vez franqueada la puerta blanca, con su cortina blanca, en la sombra ventilada del interior del local se encuentran unas sencillas mesas con sillas de plástico y un pequeño mostrador. De un gran tanque de acero circular se llenan las botellas o bidones con los que se llenarán los vasos a los clientes, que aprovechan para charlar o compartir los útimos chismorreos del barrio mientra comparten mesa. No hay muchas sillas, pero la mayoría se quedan poco rato o simplemente vienen a cargar sus recipientes para llevar.

Leche con buñuelos en un Milk Bar

La deliciosa leche ruandesa acostumbra a ir acompañada de un tentempié. En mi visita tomé unos buñuelos dulces (los populares mandazi de la toda la costa oriental) pero pueden ser también samosas, huevos duros, magdalenas, chapatis… A veces te ofrecen cacao en polvo, miel o azúcar para añadir al vaso.

La realidad es que, para una parte de la población a la que le resulta caro comer en un restaurante, la parada en un Milk Bar es una forma asequible de matar el hambre, ya sea para desayunar o para un pica-pica rápido a la hora del almuerzo.

Cultura de la vaca y de la leche

Pequeños o mayores, cada uno tiene su leche favorita, la fresca (Ishyushyu) o la fermentada (Ikivuguto), que con su sabor ligeramente agrio recuerda a un yogurt y no hace falta añadirle azúcar. ¡Me encantó la segunda! Mientras repites, algo casi inevitable, saboreas no sólo el nutritivo líquido blanco sino también el ritual de llenar las jarras y las conversaciones sin prisas a contraluz.

Te cuentan, por ejemplo, el valor casi sagrado de la vaca en la cultura ruandesa. Con sus enormes e icónicos cuernos, es el pilar de cualquier casa, o debería. “¡Al menos una vaca por familia!”, promueve el Gobierno. Su programa Girinka (literalmente: tener una vaca) se ideó para paliar los efectos de la pobreza y la desnutrición.

El bóvido ruandés, con su valor simbólico de riqueza y prosperidad, es también un bien de intercambio en el ritual de una boda (como dote) o como inicio de una amistad de por vida. Según me cuenta Eric Mwizerwa, un experto guía de Go Kigali Tours en Kigali, el regalo de una vaca a un amigo sella este vínculo para siempre e incluso pasa de padres a hijos.

Cuando recibes visitas en casa, es casi de rigor ofrecer a los invitados un vaso de leche de bienvenida. Y, cuidado, éstos deben recibirlo cómodamente sentados, nunca de pie. Esto último es “tabú”, me revela Mwizerwa, y podría incluso provocar algún “daño” a las vacas, según se cree popularmente.

Que la vaca es especial lo refleja el lenguaje popular, que la asocia a menudo con la belleza o la bondad. “Tienes los ojos bonitos y dulces de una vaca” (“ufite amaso y’inyana”), te pueden soltar como piropo. O “ugenda nk’inyana” (caminas con la gracia de una vaca)… Curioso. Otro cumplido para una mujer bella es decirle: “¡De pequeña debiste beber mucha leche!”.

“Tienes los ojos bonitos y dulces de una vaca”

Piropo ruandés

Así que, para los ruandeses que dejaron el campo para emigrar a la gran capital, los Milk Bars proporcionan una conexión con su vida anterior, con sus raíces.

En Kigali, aparte de Kimisagara también hay algunos milk bars en los barrios de Nyamirambo, Kinamba o Kimironko. Abren hasta las diez de la noche en su mayoría, así que hay quien opta por venir a por su dosis de calcio y proteínas a media mañana, a primera hora de la tarde o… antes de ir a la cama. Por supuesto, también tienen leche para llevar.

¡Buen provecho!

En el mercado con bolsas de papel

Las bolsas de papel sustituyen a las de plástico en el mercado

Siguiente parada, los barrios y sus mercados. Mi primer “boda boda ride” al Kimironko Market arranca con un malentendido: el motorista me para enfrente de un… supermercado. “I said market, not supermarket”. Vale… Quizás no es muy normal ver a un blanco en moto-taxi para ir al mercado. ¿O es un síntoma de los cambios?

Una vez allí, haciendo acopio de mangos y maracuyás, compruebo por fin lo que ya sabíamos: ni una bolsa de plástico. Las sustituyen con bolsas de papel. Es raro estar en un mercado africano y no ver por los suelos las omnipresentes bolsas negras, esas pequeñas y frágiles, de plástico tan fino que se rompen a la mínima de cambio y acaban acumulandose por el suelo y las cunetas, arrastradas por el polvo y los matorrales, a veces antes incluso de llegar a su destino. Es decir, bolsas de un solo uso que a veces se quedan en… medio uso.

Ruanda las prohibió en 2006 (luego le siguió Kenya, que las prohibió en 2017, aunque con éxito más relativo) y no sólo para mejorar la imagen de sus calles. La acumulación de plástico en la tierra tenía graves consecuencias medioambientales, según demostró un estudio: impedía la irrigación correcta de los cultivos. Y peor aún: una investigación probó que en un proporción alarmante de animales sacrificados para el consumo (3 de cada 10, según algunas cifras) tenían plástico acumulado en los intenstinos.

Con bolsa de papel, una imagen poco habitual en África hasta hace poco

En Kenya la prohibición quería acabar también con una costumbre, más bien fea, arraigada en los barrios de chabolas, los “flying toilets”. ¿Adivinan de qué se trata? Pues un invento local para suplir la falta de servicios: meten las deposiciones en una bolsa y las lanzan sobre los tejados o a un descampado…

Mientras las vecinas Burundi y Tanzania estudian medidas prohibicionista similares, hay que decir que no todo el mundo está a favor de eliminar de forma tan drástica las bolsas de plástico. Entre los críticos están algunos comerciantes que alegan que sus productos frescos no aguantan en el papel, que acaba por empaparse o romperse. Es comprensible.

También lo es que haya espabilados que intenten saltarse las normas, por ejemplo arriesgándose a importar de contrabando bolsas que circulan por el mercado negro. Muchas entran por la frontera congolesa, en Giseny, pese a la pena de seis meses de prisión y multas a las que se enfrentan. O el cierre del comercio o el supermercado en los que se han descubierto gran cantidad de bolsas, por ejemplo.

La parte positiva, y ejemplar, es que Ruanda presume de limpia y demuestra que -más o menos- se puede sobrevivir sin las “plastic bags” y otros residuos que llenan calles, ríos y playas en muchos países africanos.

Nyamirambo, el barrio musulmán y… “Las Vegas de Kigali”

Uguali (posho) de sorgo y mandioca con salsa de pescado en el Tamu Tamu Restaurant

El animado barrio de Nyamirambo es la puerta a otra realidad. La mayor concentración de población musulmana de la capital reside aquí, con sus pequeños comercios y viviendas populares. Paradójicamente, se le conoce también como “Las Vegas de Kigali”, por sus nighclubs. Me pierdo un poco por las soleadas callejuelas hasta acabar un mediodía en el Tamu Tamu, un restaurante popular en el que puedes probar todas la delicias de la cocina ruandesa por un módico precio y en un ambiente cien por cien local.

Me zampé aquí con gusto un ugali (posho) un poco diferente del keniano y el ugandés: en vez de harina de maíz, un mix de casava (mandioca) y sorgo, con un color más oscuro, como de cacahuete. Con salsa de pescado (en un pequeño bol aparte, y lo vas mezclando) y unas black beans (frijoles) estaba muy bueno para devorar con la mano, y por sólo 3.500 RWF (unos 3,5 euros). Otro plato recomendado en el barrio es el pescado fresco a la brasa, como la tilapia, a degustar en sitios como el Green Corner o el Ten to Two Panorama, por ejemplo.

Kimisagara Market

Y para llenar la mochila de frutas frescas, una buena opción cercana es el mercado de Kimisagara, donde se puede aprovechar para visitar el famoso Mural walk (unos grandes grafitis murales) y subirse después al Mount Kigali Viewpoint pasando por la Gaddafi’s Mosque. En esta gran mezquita (oficialmente Islamic Cultural Center) se encuentra una clínica y la mejor escuela de Kigali, me dicen, y abierta a musulmanes y cristianos por igual. En el genocidio de 1994 jugó un papel clave, ya que sirvió de refugio y salvó decenas de vidas en mitad de las matanzas.

Para hacer un recorrido ágil e ilustrativo por éste y otros lugares emblemáticos de la capital ruandesa en un sólo día (o medio), recomiendo el “city tour” que ofrece en minibus y grupos reducidos GoKigali. Salen desde el Marriott y el punto de encuentro es la coqueta boutique que la agencia tiene allí.

Inema Arts Center

Acabé rodeado de los vibrantes colores del Inema Arts Center, una galería emergente de arte contemporáneo africano fundada por los hermanos Emmanuel Nkuranga y Innocent Nkurunziza, además de punto de encuentro y de actividades culturales diversas. Aparte de exhibir periódicamente el trabajo de una quincena de artistas ruandeses, leí que los jueves se llena de gente pero a mí me pilló en sábado y, aunque en internet se anunciaba una “drums night” o algo parecido, aquél día se había anulado. Next time.

Datos útiles:

GoKigali Tours: Tel. +250 (0)788 316 607. Fundada en 2016 en la capital ruandesa tres el èxito de Go Addis en Etiopía desde 2013. Ofrecen tours de un día/medio día con un guía local por la ciudad en minibus (salidas desde el Kigali Marriott Hotel). Puntos de interés: Kivoyu (el barrio más antiguo de la ciudad), Mount Kigali Viewpoint, Kimisagara Market y su Mural Walk, Gaddafi’s Mosque, barrio Nyamirambo, comida en un restaurante tradicional, un café local, paseo en “water taxi” y final del tour con la visita al Memorial del Genocidio. Si ya se ha visto éste por cuenta propia, o se hará otro día, una sugerencia es hacer sólo el tour de medio día y dedicar la tarde a perderse por los barrios y mercados.

Mercados: Kimisagara, Kimironko, Nyabugogo… y artesanía en Cootrac (Cooperative for Trade and Promotion of Rwandan Arts, Crafts & Culture), la cooperativa Caplaki o la Azizi Life Boutique

Arte contemporáneo ruandés y eventos culturales (música, danza): Inema Arts Center, KG 563 +250 783 187 646

Restaurantes: buena comida local en el Tamu Tamu, el Green Corner y el Ten to Two Panorama (Nyamirambo). Elegante terraza y carta exquisita de fusión (con buenas opciones vegetarianas) en el Heaven Boutique Hotel, más caro pero una delicia para los sentidos.

Para no perderse nada de Ruanda y en especial de Kigali: la web The Culture Trip (en inglés) hace lista exhaustiva de atracciones, cultura, costumbres, consejos e ideas de visitas más allá de lo previsible.

© Texto y fotos de Carles Cascón, 2019 (NOTA: Texto de los Milk Bars actualizado en 2020; publicado en el magazine Patata Santa)

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Acerca de Carles Cascón

Periodista y fotógrafo de Sabadell (Barcelona)
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